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Uso de mandioca con fines forrajeros 

La mandioca (Manihot esculenta Cranz) es una especie que está muy difundida en el nordeste argentino.

Se cultiva principalmente por sus raíces que se utilizan para la extracción de almidón o para consumo directo.

Las hojas de la planta generalmente son descartadas, sin embargo, tienen una característica que las hace interesantes para el uso ganadero: poseen un alto contenido de proteínas que varía entre 15 y 25% (según la variedad y estado fenológico). 

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Estos valores son comparables con los de alfalfa y otras leguminosas forrajeras. Atendiendo a esta característica, las hojas pueden usarse como un subproducto, dándoles valor agregado, o bien puede realizarse el cultivo de mandioca exclusivamente con fines forrajeros.

En este caso se realizan las plantaciones en alta densidad (50x50 cm). La forma de plantación es igual al cultivo tradicional, por medio de estacas que pueden ser plantadas en forma horizontal o vertical. 

La porción de la planta que se utiliza en este caso es el tercio superior, donde las hojas son más jóvenes y presentan mayor calidad, especialmente mayor digestibilidad debido a que los tallos están poco lignificados (verdes). 

Las cosechas se pueden realizar cada dos o tres meses, asegurándose de dejar un remanente de tallo de 40 cm, para obtener un buen rebrote posterior. La mandioca forrajera presenta altos rendimientos de materia seca por hectárea (> 5tn MS/ha). 

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Las hojas pueden ser cosechadas para consumo en fresco o bien pueden ser conservadas para su consumo posterior, ya sea como heno o silo. 

El consumo en fresco de las hojas consiste en cortar y suministrar a los animales en los comederos. Por su alta palatabilidad son aceptadas rápidamente por los animales. Como algunas variedades presentan compuestos cianogénicos que pueden ser tóxicos para los animales, se recomienda cortar y orear por una o dos horas antes de suministrarlas en los comederos.

La conservación resulta una opción interesante para superar en parte el déficit forrajero invernal que se produce en los campos del NEA, tanto en cantidad como en calidad.

La henificación de hojas de mandioca consiste en cortar el tercio superior de la planta y colocarlo sobre plásticos al sol, removiéndolos periódicamente para asegurar un secado uniforme.

El material seco puede ser guardado en bolsas tipo cebolleras o plastillera sin cerrar. Deben conservarse en depósitos frescos, secos y con circulación de aire hasta su utilización. 

Otra forma de conservar las hojas de mandioca es mediante la confección de silos, ya sea de hojas puras o mezcladas con caña de azúcar o pasto elefante a fin de equilibrar la ración. Éste es un método de conservación químico mediante fermentación.

Se pica el material (1.5 a 2 cm), luego se coloca en bolsas impermeables de alto micronaje o una bolsa de plastillera que luego es cubierta por bolsas platicas (como mínimo 2) de consorcio.

A medida que se coloca en la bolsa el material tiene que ser compactado para asegurar que quede la menor cantidad de aire posible en el interior.

Al terminar se cierra en forma hermética la bolsa y se guarda en galpones, de modo que no sufran ningún tipo de daño, para evitar el ingreso de aire nuevamente.

A los 60 días el material ensilado ya estaría en condiciones de ser suministrado a los animales en los comederos. 

A continuación, presentamos algunos valores de calidad de silos de mandioca y caña de azúcar mezclados en distintas proporciones.

Las autoras son ingenieras agrónomas del Instituto Agrotécnico "Pedro M. Fuentes Godo", dependiente de la facultad de Ciencias Agrarias de la Unne. 

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